lunes, 20 de abril de 2020

HÁBITOS

Quisiera poder decir que voy a escribir todos los días. Tener algo para decir, interesante e importante, sobre la vida y el mundo. Pero a veces, por más que quiera no puedo. A veces el hastío y la tristeza son más fuertes que las ganas. Muchas veces escribo como catarsis y generalmente odio esos textos, aunque estén a mi parecer bien escritos, los odio porque no reflejan mi ser. O en realidad reflejan algo que detesto. Ese rencor por el mundo tan visceral  que no quiero sentir. Y como mi reacción a los eventos dependen únicamente de mí, quisiera poder tener una forma más calma y extrovertida para expresarme. Por ahora no me sale. Cuando pasa algo que considero injusto, solo puedo rumiar la indignación, compartirla con gente de confianza hasta arruinarles el día con mi negatividad y luego vomitar una escritura llena de sangre y moco.

Quisiera poder decir que voy a tratar de escribir todos los días. Pero ya ni siquiera puedo prometerme tratar. Luego la promesa rota me lastima como la mentira de un ser querido,  como una infidelidad premeditada. Y cuando ni siquiera trato por varios días, me consume la culpa y el sinsabor de los mensajes de autoayuda sobre constancia y rutina.

Quisiera poder decir que voy a dejar de tratar, pero hoy escribí sobre mi incapacidad para escribir y volví a desear poder escribir todos los días.

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