viernes, 24 de abril de 2020

LA BOA - Respuesta a "La ansiedad" de Mariana Enriquez


Es que puede ser, Mariana, que haya un código que no nos dieron para interpretar esto. Si es que es real, porque esta neblina pesada no se ve, pero está hecha de los sentimientos más oscuros. Al contrario de tus manos nubladas, las mías las veo demasiado, sumergidas en costras y polvo de piel. ¿Sabías que el noventa por ciento del polvo de una casa es piel muerta? Barro dos veces por día. A la mañana, después del primer café y antes del segundo. A la noche antes de cocinar o abrir el vino. Mi casa no es muy grande, un cuarto, un baño, un living-comedor pequeño y una cocina no tan pequeña pero lejos de ser grande. Al menos no como las cocinas que me imagino, con metros y metros de mesada, con heladeras de doble puerta y una isla central con banquetas para desayunar y espacio libre para amasar dos o tres pizzas. Cada vez que barro levanto, por decir una medida, una taza de polvo. Vivo sola Mariana y todo eso es mi piel. Es la piel de mis manos que se descama. Ojalá no pudiera verlas, si las extiendo se me caen al suelo como dos cadáveres de ratas. Pero te entiendo, es difícil interpretar la realidad, lo que a vos se te diluye a mí se me desgarra.
Yo tampoco encuentro reflexiones posibles en esta incertidumbre, ¿qué tipo de psicópata se pondría a reflexionar? Te felicito por rebelarte, yo no pude aun, tengo miedo a que el sistema me devore como una boa constrictora, de a poco, mirándome fijo por varios días, durmiendo a mi lado, estirándose, midiéndome, hasta que sea tarde, me abrace, durante un mes hasta que me asfixie por falta de aire, hasta que mis manos se separen de mis brazos, hasta que empiecen a sangrar mis oídos y dé el golpe en mis costillas para que se partan en cristales astillados y perforen mis pulmones por dentro y mi piel por fuera, pero a su piel, por muy cerca que esté de la mía, por más que sea una ya con mi piel, no le harán nada, es fuerte, como un buen depredador merece serlo. Y entonces indefensa, sin manos y con los pulmones rotos, la boa comenzará después de un mes a tragarme de a poco, empezando por los pies, para evitar que con un resabio de fuerza intente correr. Y lentamente con el ácido de su saliva quemándome cada centímetro, un mes después llegara a mis ojos, más negros que nunca para calmar mi ansiedad.

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