domingo, 19 de abril de 2020

SOBRE EL ENCIERRO EN OTOÑO


Escuché que estos fueron climáticamente los mejores días de la historia de la humanidad. Es posible que sea cierto. El rinconcito de mi balcón es una muestra climática de un sol bondadoso que todos los días se mueve, más chiquito, más a la izquierda.
Antes el sol entraba al cuarto, hasta la mitad de la cama. Ahora para que el sol me dé en la frente tengo que sentarme en el piso del rinconcito.
Las ramas de un árbol que debería estar ya sin hojas crecieron y tamizan el sol. A veces amables, a veces mal educados. Y hoy domingo, como todos los domingos de esta cuarentena, busco ese rinconcito de sol, cada vez más chiquito, más a la izquierda, porque se sigue moviendo.
Siento que el domingo que viene tendré que limpiar la esquina del balcón, llena de telarañas, de hojas muertas y de bichos vivos, para poder sentarme en mi rinconcito de sol, cada vez más a la izquierda y más chiquito.
Tal vez en dos semanas tenga que coserme, amurarme a la pared, mutilarme alguna extremidad o la mitad de la cara, para tener aunque sea, unos minutos de sol.

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