Me cagaron. El jueves a las siete
de la tarde nos mandaron un mensaje de whatsapp para avisarnos que habían
enviado un mail. El mail tenía un pdf que se titulaba “carta de contencion
pandemia”, sí, en minúsculas y sin tilde, porque así de desprolijos son. Una
carta que de contención no tenía nada. Comenzaba
con una mal redactada introducción pretendiendo ser empáticos y hablando de la
importancia de la salud física y mental. Como carajo querés que tenga salud
física si no voy a poder comer o comprarme remedios, como mierda querés que
tenga salud mental si de por sí me estás violentando con tus palabras y no voy
a poder pagar la terapia. El jueves a las siete de la tarde leí tu carta de mal
gusto que después de esa introducción pedorra decía que lo que me debían del
mes de marzo “lamentablemente no podremos pagarlo”, que el mes de abril solo
nos iban a pagar el 60% del sueldo y el mes de mayo un 50%.
El jueves a las cuatro de la
tarde, me exigías que cumpla los objetivos laborales más rápido porque no
sabías “de qué se iban a disfrazar” si el cliente no pagaba. Te contesté que no
estaba bueno que me transmitieras esto. Me dijiste que había que salir de la
burbuja.
Te quise contestar: que no vivía en
una burbuja, que ya me debían cuarenta mil pesos y que no era mi responsabilidad
que los clientes pagaran o no, que yo no soy socia de ustedes, y que tu
obligación como empleador es pagarme el sueldo. Que si vos no supiste negociar
con el cliente, o tenés clientes de mierda, no es mi responsabilidad. Que me
sobreexigieron durante toda la cuarentena y estuve trabajando entre diez y doce
horas por día y que no es justo que me transmitan esta incertidumbre.
Te contesté que ya tenía
demasiado presente la situación porque no era la primera vez que me lo decías y
volví a hablar del trabajo.
El jueves a las siete de la tarde
leí tu carta del orto que después de decir sin tapujos que no me ibas a pagar
mi sueldo, finalizaba con una especie de poema pelotudo de cuarto grado y la
promesa de que nos iban a llamar para aclarar dudas.
El viernes a las ocho de la
mañana me hablaban por los grupos de whatsapp con consultas o reclamos sobre
trabajo, pero no me hablaban acerca de la carta del jueves.
El viernes a las diez de la
mañana me habló por whatsapp privado mi jefe, tu socio, con el cual no hablo
casi nunca y menos aún desde el episodio de acoso sexual del año pasado, el
cual te conté y me dejó traumada. Me preguntó si me podía llamar. Empecé a
hiperventilar, ¿por qué me tenía que llamar él y no vos, que ayer tanto me
exigías? Le contesté que sí. Me contestó diez minutos después diciendo que en diez
minutos me llamaba. Pasó una hora.
El viernes pasadas las once de la
mañana hablé por teléfono con mi jefe, tu socio. Me repitió lo que decía la
carta. Me preguntó si tenía alguna consulta al respecto. Le pregunté si tenían
aunque sea la intención de posteriormente ponerse al día con los pagos. Me dijo
que no, que esto era todo lo que podían hacer. Le pregunté si sabía que esto
que estaban haciendo no era legal. Y me dijo que no sabía si era legal, que no
le importaba. Le dije que no estaba en posición de decir nada más que prestar
mi disconformidad.
El viernes a las cuatro de la
tarde me llamaste para saber cómo estaba. En veinticuatro horas me cagaron los
sueños y la expectativa a corto plazo. Te repetí que esto no era legal y me
aseguraste que se asesoraron con un abogado y que no les advirtió nada al
respecto.
El viernes a las seis de la tarde
me dijiste que me tranquilizara.
Hoy es domingo y sigo pensando
qué voy a hacer para poder sobrevivir en los próximos meses. Me manipularon de
tal forma que me hicieron sentir que era mi responsabilidad que los clientes
paguen y luego cuando decidieron no pagarme mi sueldo pusieron en mí la decisión
de si aceptar o no. Me dejan sin decisiones, son el virus, no este virus nuevo,
son el virus que ya existía, son la regla y no la excepción. Quisieron
disfrazar sus decisiones de humanidad y buenas intenciones, pero solo se
engañan a ustedes. Eso es lo que más odio y bronca me da: que se comieron su
propia versión. Se creen que nos hacen un favor, dándonos trabajo y pagándonos un
sueldo. Cuando en realidad, el favor es nuestro, ustedes ganan y comen gracias
a nosotros. No saben hacer nada. Nada más que cagar palabras de autosatisfacción.
Ojala este virus nuevo cambie algo. Hoy no creo que sea posible. Creo que el
virus nuevo se va a ir. Y los virus viejos, los de siempre, van a seguir enfermándonos.
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