“(…) Cada vez que tenía uno de esos vahídos se preocupaba, el miedo a la
muerte es algo común en casi todos pero a ella no le daba miedo morir, le daba
miedo enfermarse, le daba miedo tener que confesar. Seguro era la anemia, o
había tomado poco agua, o demasiado alcohol. Cada día le preocupaba más su
inminente alcoholismo y cuanto más se preocupaba, más alcohol tomaba. El
segundo martes de marzo, Magela tuvo tres vahídos, el tercero fue en la calle. Mientras
caminaba por la peatonal principal, frenó en seco, se agarró la cabeza, se
masajeó la frente, respiró profundo. Se sentó en el umbral más cercano, era un
almacén, la dueña del local se acercó y le pregunto cómo se sentía. Ella agitó
la cabeza, se levantó y comenzó a caminar, primero despacio y luego cuando se
sintió más segura aceleró el paso, después de dos cuadras empezó a correr, le
quedaban cinco cuadras hacia el hostel. Se recostó en una de las camas de la
habitación que compartía con otras doce personas. Extrañaba a Eduardo,
extrañaba a Julián, se quedó dormida. (…)”
Magela, madre y esposa, sufre de una depresión terrible. Decide separarse y
emprender un viaje dejando su vida atrás. Sin recursos ni esperanzas Magela
sigue viajando, el sufrimiento va con ella. Quiere, anhela ser una mujer libre,
pero está atada a su pasado. ¿Cuándo un momento puede alterar todo? ¿Cuál fue
la decisión que marcó el curso de todo lo que vendría después? ¿Dónde empieza
el camino?
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