martes, 21 de abril de 2020

MARTES


Las palabras calladas se atoran entre el pecho y la garganta, se acumulan, pesan y se ahogan. Las palabras calladas aunque sean pocas, o aunque sean buenas, se atragantan y te matan de a poco. Un te amo no dicho, puede ser el puñal más certero y crónico.
A veces está bien, escribir solo por escribir. Para perder miedo. Para ganar ganas. No perder la costumbre. Para que sea un vicio. El mejor vicio. Una adicción almática.
Necesito hacer. Pedir milagros y dar gracias. Gracias por el esfuerzo, por seguir adelante, por dormir.
Pido por poder decir que no. Todo va a estar bien. De alguna forma.
El primer día de la cuarentena, escribí en mi cuaderno de tareas diarias:
“Hoy es el primer día de cuarentena nacional, siento que es una oportunidad para marcar y cumplir objetivos, replantearme muchos aspectos de mi vida y mi orden de prioridades. Cuidarme y dedicar tiempo a mi construcción personal.”
Que estúpida… y qué visionaria!
Lloro por el mal del mundo. Lloro porque siento miedo, porque sigue pasando, porque nada importa si se apropian de la vida. No estaba siquiera en planes de existencia cuando fue el último golpe de estado. Tengo la suerte, el privilegio -como odio esa palabra cuando la mayoría de los privilegios son en realidad derechos-, de haber nacido en democracia, de conocer mi identidad, de poder expresarme. Pero lloro porque la intolerancia, la violencia, el extremismo, existe, sigue existiendo, en nuestro país y en el mundo.
La opresión, tal vez es otra. Pero no puedo…

No hay comentarios:

Publicar un comentario

DICIEMBRE

 Pasaron dos, tres meses. Elegí cerrar una etapa para dedicarme de lleno a algo así como ser artista independiente. Tengo un plan que es bas...