lunes, 27 de abril de 2020

EL ENCIERRO


Son las palabras que me guardo

las caricias que no me das

los te amo que no te digo

y las horas

lentas…

Las lágrimas sueltas

el exceso de todo

y la falta de aire.

El encierro son

los besos que pienso darte

cuando nos dejen salir.

domingo, 26 de abril de 2020

VOCES

-Qué te hacés, la culta, la inspirada, la que detecta cositas nuevas en el mundo para ser miradas?

-No te hables así, que tiene de malo pensar y mostrar lo que pensás. Esa inseguridad se tiene que ir.

-Pero vos ves lo que decís? Hablás como si fueras superior a alguien, quién te pensás que sos? Si no sabes nada! Si tanto supieras, si tan talentosa fueras, no estarías acá.

-No le hagas caso, hablás como te sale y no te sentís superior a nadie, sino no te estarías castigando de esta forma. Vos no la escuches y seguí así que estás por buen camino.


La voz que juzga y la que perdona se neutralizan. Pero falta una voz que diga que sos genial, que sos una triunfadora y vas a cumplir todos tus sueños. Esa voz a veces la escucho afuera, pero solo va a callar a las otras cuando sea mía.

LA VIDA - Análisis de Cadáver Exquisito de Bazterrica

La presencia de la vida se detecta donde opera el poder, donde su control desde lo político es necesario y el capitalismo utiliza para ello el aparato estatal. Es allí es donde la vida está punzando, ya sea por la expansión de su existencia  o por el peligro de la misma. En Cadáver Exquisito hay un contrato bajo el orden de lo tánato-político, cuando se rompe el contrato, se extingue la vida, se pierde lo identitario a nivel jurídico, se pierde la palabra, se transgrede la carne y ésta se transforma en bien de consumo. Como si se renunciara a la voluntad de ser sujeto para ser objeto.
La noción de vida se presenta en la novela en distintos niveles, pero se expande en los momentos que se va a encontrar con su límite. Todo circula en torno a la puesta en jaque del valor de la vida y su real significado. En donde vida  no es sólo lo biológico. Está más cercano al téchne que al zoé, la vida para existir posee un marco civil, un control exhaustivo desde su legislación y cuando se desliga de esto se convierte y extingue. La vida conforma un círculo necesario, integrador de poder y límite del mismo. Sin ella no hay poder y el poder la controla y limita a su vez.
Aún bajo el peligro de muerte el personaje principal encuentra vida en esa tensión, ya sea acatando las presiones para continuar con la vida en términos biológicos, o transgrediendo los límites por considerar su vida moral o intelectual más importante que la vida corpórea. Su inconformidad por la rutina burocrática y desmembrante, el asco por la sangre, por su labor, no le es suficiente para alzarse manifiestamente en contra del poder. Él encuentra el hueco para alcanzar un retazo de vida que le fue robada al morir su hijo, al ser abandonado por su esposa, al declarar incapaz a su padre, al ser utilizado por su hermana y al verse obligado a realizar un trabajo que considera inmoral. Siempre tras el velo de la legalidad, tuerce las reglas para hacerlas funcionar a su favor. Pero el miedo al poder, está latente, en cada viaje en auto, en cada cigarrillo nervioso, en cada llamada telefónica y en la acumulacion de sucesos determinantes de la historia que se condensan en un mismo día. La autora utiliza el tiempo como colapso de eventos que explosionan en vida. Hay un avanzar continuo hacia una rutina tan vital como mortuoria y la vida se apresura en determinados días, porque se tensiona con los límites y con el miedo a la penalización de sus actos, a la muerte.
También utiliza los espacios, el criadero, el matadero y el frigorífico como desborde de vida. Es irónico como el lugar donde más cercenada está la vida, donde la existencia de cada ser implica la inminencia de la muerte, el control constante, el biopoder en pleno accionar: es ahí donde la vida está más presente. Como si la cercanía al final implicara la puesta en valor ; el zoológico como limbo estacional, como receso y como respiro, como escape de los límites impuestos, como bocanada de aire en el ahogo que representa la presión del poder; la casa como el lugar privado donde hasta por su posición geográfica, se separa de las redes del poder (y cómo la llegada del ente controlador lo atraviesa en miedo y paranoia); el geriátrico y la casa de su hermana como desligues totales de lo vital para él, como heridas sin cerrar. Siempre en cada lugar se rasga y penetra algo del otro, la vida se escapa y vuelve a entrar convertida por algún tajo.
La vida aparece también en lo médico: desde el peligro de muerte por las epidemias, hasta la legalización y legislación de un método de alimentación presupuesto inmoral en aras de preservar la especie. Aun en la teoría conspirativa de la liberación del virus como control poblacional, se maneja el término de salud como algo sumamente controlado por el aparato estatal.  Tanto en el miedo a la enfermedad, como en el padecer de estas, la vida aparece ya sea como alerta o mecanismo de control, o como aviso de una fecha de vencimiento. Como el hambre, el miedo a la enfermedad, opera como un elemento de coerción. Esto se visibiliza en el laboratorio, en los falsos velatorios, en el protocolo de manipulación de las cabezas y de la carne, en la instauración  de mecanismos e instituciones que regulen estas prácticas.  La vida aparece sojuzgada a este aparato controlador que deja marcas en la carne, quemaduras, cortes, que animalizan y distancian la mirada de los que las manipulan.
Por último la autora toma la palabra como eje de rasgo humano y por lo tanto de vida. La palabra se transforma en pulsión bajo la presión del biopoder devenido en soberano de la carne. El relato aséptico, evita la repulsión por las descripciones detallistas de los procedimientos que coartan la vida de las cabezas. Esta distancia es la misma que pone el aparato estatal controlando el lenguaje. La utilización o no de la palabra genera vida, la traduce, la transforma y la finiquita. Y es la palabra la verdadera fuente de vida en términos de humanidad, de ciudadanía, de téchne. Es el uso de determinadas palabras lo que diferencia la vida y la muerte. Es el silencio el miedo al poder y a su vez un rasgo de lo animal. Es la falta de palabra la extinción de la vida.

sábado, 25 de abril de 2020

MAGELA - un viaje a la novela


“(…) Cada vez que tenía uno de esos vahídos se preocupaba, el miedo a la muerte es algo común en casi todos pero a ella no le daba miedo morir, le daba miedo enfermarse, le daba miedo tener que confesar. Seguro era la anemia, o había tomado poco agua, o demasiado alcohol. Cada día le preocupaba más su inminente alcoholismo y cuanto más se preocupaba, más alcohol tomaba. El segundo martes de marzo, Magela tuvo tres vahídos, el tercero fue en la calle. Mientras caminaba por la peatonal principal, frenó en seco, se agarró la cabeza, se masajeó la frente, respiró profundo. Se sentó en el umbral más cercano, era un almacén, la dueña del local se acercó y le pregunto cómo se sentía. Ella agitó la cabeza, se levantó y comenzó a caminar, primero despacio y luego cuando se sintió más segura aceleró el paso, después de dos cuadras empezó a correr, le quedaban cinco cuadras hacia el hostel. Se recostó en una de las camas de la habitación que compartía con otras doce personas. Extrañaba a Eduardo, extrañaba a Julián, se quedó dormida. (…)”

Magela, madre y esposa, sufre de una depresión terrible. Decide separarse y emprender un viaje dejando su vida atrás. Sin recursos ni esperanzas Magela sigue viajando, el sufrimiento va con ella. Quiere, anhela ser una mujer libre, pero está atada a su pasado. ¿Cuándo un momento puede alterar todo? ¿Cuál fue la decisión que marcó el curso de todo lo que vendría después? ¿Dónde empieza el camino?

viernes, 24 de abril de 2020

LA BOA - Respuesta a "La ansiedad" de Mariana Enriquez


Es que puede ser, Mariana, que haya un código que no nos dieron para interpretar esto. Si es que es real, porque esta neblina pesada no se ve, pero está hecha de los sentimientos más oscuros. Al contrario de tus manos nubladas, las mías las veo demasiado, sumergidas en costras y polvo de piel. ¿Sabías que el noventa por ciento del polvo de una casa es piel muerta? Barro dos veces por día. A la mañana, después del primer café y antes del segundo. A la noche antes de cocinar o abrir el vino. Mi casa no es muy grande, un cuarto, un baño, un living-comedor pequeño y una cocina no tan pequeña pero lejos de ser grande. Al menos no como las cocinas que me imagino, con metros y metros de mesada, con heladeras de doble puerta y una isla central con banquetas para desayunar y espacio libre para amasar dos o tres pizzas. Cada vez que barro levanto, por decir una medida, una taza de polvo. Vivo sola Mariana y todo eso es mi piel. Es la piel de mis manos que se descama. Ojalá no pudiera verlas, si las extiendo se me caen al suelo como dos cadáveres de ratas. Pero te entiendo, es difícil interpretar la realidad, lo que a vos se te diluye a mí se me desgarra.
Yo tampoco encuentro reflexiones posibles en esta incertidumbre, ¿qué tipo de psicópata se pondría a reflexionar? Te felicito por rebelarte, yo no pude aun, tengo miedo a que el sistema me devore como una boa constrictora, de a poco, mirándome fijo por varios días, durmiendo a mi lado, estirándose, midiéndome, hasta que sea tarde, me abrace, durante un mes hasta que me asfixie por falta de aire, hasta que mis manos se separen de mis brazos, hasta que empiecen a sangrar mis oídos y dé el golpe en mis costillas para que se partan en cristales astillados y perforen mis pulmones por dentro y mi piel por fuera, pero a su piel, por muy cerca que esté de la mía, por más que sea una ya con mi piel, no le harán nada, es fuerte, como un buen depredador merece serlo. Y entonces indefensa, sin manos y con los pulmones rotos, la boa comenzará después de un mes a tragarme de a poco, empezando por los pies, para evitar que con un resabio de fuerza intente correr. Y lentamente con el ácido de su saliva quemándome cada centímetro, un mes después llegara a mis ojos, más negros que nunca para calmar mi ansiedad.

jueves, 23 de abril de 2020

ALGUNOS EPÍGRAFES



Sobre escribir.
Escribí sobre lo que no se hablaba antes. Esas voces que no hablan. Sobre las florcitas hechas línea de tinta en los brazos de papel de algún conocido distante, que con motivo de libertad quiso pinchar un trazado.

Sobre el ocio.
Cuando la mente se vuelve más productiva aún y descansando trabaja.
Trabaja el alma y la mirada, la salud y el amor propio. La música, las letras, la arquitectura, las luces y el sabor.

Sobre la naturaleza.
Y pensar en la inmensidad de un mundo extraño, asustado, fuerte y amable. Una montaña llena de mar y selva, de monos, delfines y mosquitos, todos perfectos en su caos. Un paisaje inmenso de gratitud, bondad y lluvia. Un cielo azul de mar y un mar verde de amor. Así, en un bote a cien kilómetros por hora, sólo puedo pensar en delfines y un mundo inmensamente pequeño.

Sobre esperar.
Ese verbo tan irritante y lento. Y lamentablemente de eso se trata casi todo. Esperar resultados, noticias, cosas. El truco es saber si vale la pena esperar, si lo que esperamos se puede "conseguir" de una mejor forma -y no digo más rápido, solo mejor- o si no es eso, entender qué. Pero si es eso, si lo vale y no hay otra forma, a ejercitar la paciencia! Tal vez se trata de qué hacer mientras esperamos. Sentarse, derrumbarse de ansiedad, o seguir haciendo? Al hacer, se pasa el tiempo "más rápido" y construye, colabora a entender y recibir lo esperado. La vida es lo que pasa mientras esperamos morir. Lo que no deberíamos esperar, nunca, es el amor. 

Sobre el amor.
Todo lo que haces, es amor por algo. Ideal, no? Porque cada uno define el amor como quiere, como puede y como lo va viviendo. Y si todo es amor, el no-amor es amor por otra cosa. Y tal vez, todo está en la definición. Amor como deseo y pulsión, como cariño y nubes, como espejo y reflexión. Todo puede, o podría, ser amor.

miércoles, 22 de abril de 2020

EL INFILTRADO



Es posible que esto no me deje ver que también sufrís.
Sí, pero hoy, en este momento de la historia, necesito que escuches. Porque la discusión no es con vos, es interna y con algo más grande. Hoy, sólo necesito que escuches.
Yo sé que debés tener miedo a que te roben, te maten o te golpeen en alguna situación, en algún lugar. Pero sé que no todo el tiempo, no dentro de tu casa.
Cuando vos ves esta serie te da bronca, te indigna y podes ver que todo está mal, que el sistema está mal. ¡Muy bien! Lo podés ver, algunos, todavía no pueden o no quieren.
Cuando yo veo esta serie, tengo miedo de dejar la ventana abierta, ponerme cierta ropa, salir muy temprano o muy tarde o a cualquier hora. Me da miedo tomarme un taxi, o esperar el colectivo, o subirme al auto de un amigo. Me da miedo conocer a alguien nuevo.
Y me da miedo acordarme de todo lo que había bloqueado. Me da miedo que me pase y que no me crean y que me violenten de nuevo. Y que cuando alguien se indigne por lo que me hicieron otro responda que nosotras también tenemos responsabilidad.
Vos, tu clase, tu género construido, tiene más libertades que el mío. Darme cuenta que soy víctima de un sistema que oprime es un proceso muy doloroso. Porque las victimas sufren y reconocerse víctima es sufrir otra vez. Luego queda entender que hasta que no haya igualdad, voy a seguir siendo una víctima.
Vos, tu clase, tu género construido, sin quererlo ni desearlo también es víctima. Es víctima de tener que cumplir con roles impuestos, es víctima de tener que ser más fuerte, más duro, más capaz. Es víctima de violencias y de otras desigualdades sistémicas. Es víctima de tener que ser el macho proveedor, de tener que ocultar sentimientos, de formarse como un adulto que tiene prohibida la manifestación de una sensibilidad que estoy segura que tienen.
Pero a vos, a tu clase, a tu género construido, no lo matan solo por el hecho de ser hombre. No lo violan solo por el hecho de ser hombre. No lo maltratan en su hogar solo por el hecho de ser hombre. No le pagan menos, no menosprecian su opinión, no lo consideran inferior, solo por el hecho de ser hombre.
Si el problema es de todos, el problema no es de nadie.
Cuando me indigno, cuando sufro y lloro por las injusticias que recibe mi género, espero de tu lado el mismo grado de indignación. No más, porque nunca vas a saber el miedo que sentimos. No menos, porque estaría al lado de una persona poco empática.
No espero que lo entiendas del todo ahora, a mí me costó varios años, todavía estoy en eso. Pero, por favor, no quieras explicarme como sentirme, ni como manifestarme, ni como es la teoría de la violencia de género o de la militancia feminista. Si yo, todavía la estoy aprendiendo. Cómo es que vos me vas a explicar a mí cómo es? Eso, dentro de mi indignación por las injusticias del mundo, me repugna soberanamente.
¿Te imaginás a un hombre blanco diciéndole a un hombre negro que “hay hombres negros que también son racistas’’?
Cuando yo digo que los hombres son lo que está mal, espero no tener que aclarar siempre que no me refiero a todos, porque si lo tuviera que aclarar estaría en un mundo peor que el de ahora. Si tenés la necesidad de aclarar que no todos los hombres son violadores es porque son tantos que hace falta aclarar. Porque de verdad, no me cabe en la cabeza la locución “no todas las mujeres violan”.
Volviendo al punto. ¿Existen mujeres machistas?: SI. Pero hoy aprendí un nuevo término: alienadas. Resulta que el opresor, no puede ser oprimido del mismo sistema. Entonces las mujeres no son machistas, son alienadas. ¿Por qué?: porque por falta de conocimiento o por conveniencia o por supervivencia siguen reproduciendo un sistema de creencias machistas.
¿Les podemos decir machistas? SI, también. Pero hoy aprendí que no es el término correcto.
De todas maneras. Las mujeres machistas o alienadas, no matan ni violan ni maltratan física o psicológicamente a otras mujeres solo por el hecho de ser mujeres.
Entonces, cuando yo me indigno por la violación de una mujer y porque la policía no le creyó, que respondas que también hay mujeres machistas es, por medio de un mansplaining absurdo, restarle importancia y defender a los hombres. Porque discursivamente, al decir que existen mujeres machistas, estás defendiendo a los hombres y estás también culpando a las mujeres.
Las mujeres machistas o alienadas, son también oprimidas y no opresoras. El hombre machista solo es opresor. ¿Existen hombres oprimidos por el sistema machista? Si. Por ellos luchamos también. ¿Existen mujeres machistas? Si. Por ellas luchamos también.
Pero… ¿por qué te es TAN necesario aclarar que existen mujeres machistas? ¿Por qué es TAN necesario que vos me expliques a mí sobre feminismo?
En la serie, hay mujeres que maltratan a la víctima y tienen discursos machistas. Pero no la trataron mal por su género sino por inferioridad de poder.
Repito: no existe oprimido que sea opresor en el mismo sistema.
Es TIBIO decir que el problema está en todos lados. Si, lo está. Pero si está en todos lados no está en ningún lugar. Todas las palabras tienen fuerza y con la tibieza, no se logra nada.
¿Y a quién defendés?
Si el problema es de todos, el problema no es de nadie.
Te aseguro, que aunque no lo admitan, las mujeres alienadas se están, de a poco, dando cuenta. Si vos te diste cuenta, no espero que luches al lado mío. Esta lucha es mía y al lado están mis hermanas. Pretendo que seas el infiltrado. Ya estás de ese lado. En vez de discutir conmigo acerca del feminismo. En lugar de recordarme que existen mujeres machistas, necesito que hables con todos los hombres que conozcas, que detectes al violador, porque estadísticamente conocés a uno. Te pido que te juntes con tus amigos a hablar del tema, a leer, a informarte. Te pido que seas el infiltrado y no el enemigo. Que me dejes indignarme, que no quieras calmarme, porque nunca vas a entender el dolor colectivo.
Yo ya sé que hay mujeres machistas. No necesito que me lo recuerdes. Necesito que me escuches, que me des tiempo. Soy una víctima histórica y quiero dejar de serlo, pero es posible que la historia del mundo sea lenta y me muera siéndolo.
Si el problema es de todos, el problema no es de nadie.
¿Te imaginás a un hombre blanco diciéndole a un hombre negro que “hay hombres negros que también son racistas’’?

martes, 21 de abril de 2020

HOGAR


Mi casa es mágica. Cuando está nublado es como viajar en el tiempo.
Mi casa es mágica, con sus azulejitos celestes, su patio rosa que no es rosa pero yo lo veo así.
Mi casa es mágica por el color de sus pisos de madera naranja y las paredes que pinté de los colores que yo quería.
Mi casa es mágica porque tiene un asiento solo para cada lugar y solo un par para comer, para enfrentarse y mirarse a los ojos.
Mi casa es mágica por la música que pongo, por sus ecos y por la gotera que suena siempre a ritmo.
Mi casa es mágica porque todo lo que tiene es mío y me recuerda mi pobreza a pesar de estar rodeada de cosas costosas. Porque tengo más de lo que puedo tener.
Mi casa es mágica porque cuando sale el sol, sale parejo en todos lados, como si el sol naciera del centro de la cocina.
Es mágica, porque tiene rincones oscuros, que me esperan para ser conquistados, purgados, iluminados… porque estoy, a veces en ella.

MARTES


Las palabras calladas se atoran entre el pecho y la garganta, se acumulan, pesan y se ahogan. Las palabras calladas aunque sean pocas, o aunque sean buenas, se atragantan y te matan de a poco. Un te amo no dicho, puede ser el puñal más certero y crónico.
A veces está bien, escribir solo por escribir. Para perder miedo. Para ganar ganas. No perder la costumbre. Para que sea un vicio. El mejor vicio. Una adicción almática.
Necesito hacer. Pedir milagros y dar gracias. Gracias por el esfuerzo, por seguir adelante, por dormir.
Pido por poder decir que no. Todo va a estar bien. De alguna forma.
El primer día de la cuarentena, escribí en mi cuaderno de tareas diarias:
“Hoy es el primer día de cuarentena nacional, siento que es una oportunidad para marcar y cumplir objetivos, replantearme muchos aspectos de mi vida y mi orden de prioridades. Cuidarme y dedicar tiempo a mi construcción personal.”
Que estúpida… y qué visionaria!
Lloro por el mal del mundo. Lloro porque siento miedo, porque sigue pasando, porque nada importa si se apropian de la vida. No estaba siquiera en planes de existencia cuando fue el último golpe de estado. Tengo la suerte, el privilegio -como odio esa palabra cuando la mayoría de los privilegios son en realidad derechos-, de haber nacido en democracia, de conocer mi identidad, de poder expresarme. Pero lloro porque la intolerancia, la violencia, el extremismo, existe, sigue existiendo, en nuestro país y en el mundo.
La opresión, tal vez es otra. Pero no puedo…

lunes, 20 de abril de 2020

Minuto diez – Respuesta a Hora Cero de Laura Yasan



Allá, pasa todo
el tiempo, no es la ilusión que hago de él
los días no se repiten
o es el sol de abril que no los mezcla
los enemigos llaman
el teléfono no corta la realidad completa
no me trae a casa ningún mundo entero
ellas no pasan el día bajo la tierra
no le dan despacio a la fe
para ayer
Santa Rita ya nos habrá recordado
Allá, pasa todo
los enemigos escriben
o es el  sol de abril
el espejo me aleja la totalidad del mundo
la oscuridad bondadosa en la boca del médico que la hija con el machete escondido que
leche de ellos
una construcción
una fusión
un último plebello en Estados Unidos
o es el sol de abril que

la casa siempre para en el mismo lugar

SANAR


Hoy quiero ver lo bueno aunque me cueste mucho. ¿Pero cómo, si tengo las uñas tan frágiles y la piel tan seca... si se me cae el pelo, si no me quedan músculos?
Tengo heridas de rasguños que están cicatrizando con hilos, mugre y pelos dentro. Cuando veo ese tipo de cosas recuerdo que un quiste de queratina puede tener pelos y dientes en su interior. Tiemblo del asco que puede ser el cuerpo, me da escalofríos pensar que dentro mío se puede estar formando mi enemigo, un ser humano, un tumor o un virus. Pienso en todo lo que odiaba de mi cuerpo y hoy ya no es tan importante.
Hoy quiero ver lo bueno y no puedo. Mi madre vino a visitarme, sin avisar. Me dio ternura y bronca.
Entendí o traduje, que es incapaz de expresar sentimientos sin presentarse desde el papel de víctima o desde el desborde. Me dio bronca porque quisiera tener un buen ejemplo de madre y de mujer.
Me dio ternura porque aunque sea incapaz de expresarlo me quiere, me extraña y se preocupa por mí.
Me dio bronca porque no me gusta su forma de ser y me dio ternura porque hace lo que puede, la vida no fue buena con ella, conmigo tampoco.
Y yo también hago lo que puedo. Y si la puedo perdonar algún día, tal vez también me pueda perdonar a mí.
Volviendo a mis manos, siento que no son mías, que les falta agua y comida, que no les llega la vida. Mis manos ya no tienen sustancia, la piel se puso muy fina, los poros se agrandaron y el jabón, el alcohol, la lavandina, el virus, entran.
Entran por los poros, por la carne entre mis uñas y sus grietas, por la herida infectada del pulgar izquierdo.
¿Es esto lo que me hace feliz? ¿Escribir sobre mis manos rotas?
Creo que me hace feliz el silencio del teléfono y la concentración que puedo tener cuando escribo con mis manos que están latiendo y sosteniendo el papel y el lápiz y pueden saber con mis palabras, que existen y que me preocupo por ellas. Y así es posible, que me perdonen también.

HÁBITOS

Quisiera poder decir que voy a escribir todos los días. Tener algo para decir, interesante e importante, sobre la vida y el mundo. Pero a veces, por más que quiera no puedo. A veces el hastío y la tristeza son más fuertes que las ganas. Muchas veces escribo como catarsis y generalmente odio esos textos, aunque estén a mi parecer bien escritos, los odio porque no reflejan mi ser. O en realidad reflejan algo que detesto. Ese rencor por el mundo tan visceral  que no quiero sentir. Y como mi reacción a los eventos dependen únicamente de mí, quisiera poder tener una forma más calma y extrovertida para expresarme. Por ahora no me sale. Cuando pasa algo que considero injusto, solo puedo rumiar la indignación, compartirla con gente de confianza hasta arruinarles el día con mi negatividad y luego vomitar una escritura llena de sangre y moco.

Quisiera poder decir que voy a tratar de escribir todos los días. Pero ya ni siquiera puedo prometerme tratar. Luego la promesa rota me lastima como la mentira de un ser querido,  como una infidelidad premeditada. Y cuando ni siquiera trato por varios días, me consume la culpa y el sinsabor de los mensajes de autoayuda sobre constancia y rutina.

Quisiera poder decir que voy a dejar de tratar, pero hoy escribí sobre mi incapacidad para escribir y volví a desear poder escribir todos los días.

domingo, 19 de abril de 2020

AMOR CUARENTON


El amor puede ser un te amo grandilocuente, un gran gesto demostrativo a viva voz y puede ser un abrazo inesperado, un beso en la frente, una risa conjunta y sincera. El amor puede ser una pregunta íntima y una respuesta honesta. Puede ser solamente el interés por saber más. Puede ser el deseo de crecer y soñar juntos. El amor también puede ser miedo a perder, a sufrir y a morir. El amor puede ser una carta, un desayuno elegante o un café recalentado. Amor es la primera vez que nos preguntamos si es amor, en ese momento ya caímos. Si aparece la duda es probable que algo esté comenzando. El amor es el brillo que sé que ocurre en mis ojos cuando te veo sonreír. El amor es saber que aunque tengas miedo a decir que me amas, inventes una palabra nueva para decirlo mejor. El amor es la sonrisa que tengo cuando te escribo esto.

JAZMINES


El olor a jazmín, me obliga a viajar, me lleva a mi mamá y a mi abuela.
Que sólo querían flores porque sólo eso podían esperar. No sé por qué era la preferida de mi abuelita. Sí sé porque era la preferida de mi mamá: porqué era la de mi abuela. No sé por qué se copió, si por costumbre o por querer alcanzarla. Solo sé que el jazmín no es mi flor favorita pero cuando huelo jazmín me da alegría, nostalgia, amor, tristeza, niñez, vejez, como viajar en el tiempo con música. Es como regalarles a mi abuela y a mi mamá un ramito de jazmines con el amor y el respeto que nunca tuvieron.

SOBRE EL ENCIERRO EN OTOÑO


Escuché que estos fueron climáticamente los mejores días de la historia de la humanidad. Es posible que sea cierto. El rinconcito de mi balcón es una muestra climática de un sol bondadoso que todos los días se mueve, más chiquito, más a la izquierda.
Antes el sol entraba al cuarto, hasta la mitad de la cama. Ahora para que el sol me dé en la frente tengo que sentarme en el piso del rinconcito.
Las ramas de un árbol que debería estar ya sin hojas crecieron y tamizan el sol. A veces amables, a veces mal educados. Y hoy domingo, como todos los domingos de esta cuarentena, busco ese rinconcito de sol, cada vez más chiquito, más a la izquierda, porque se sigue moviendo.
Siento que el domingo que viene tendré que limpiar la esquina del balcón, llena de telarañas, de hojas muertas y de bichos vivos, para poder sentarme en mi rinconcito de sol, cada vez más a la izquierda y más chiquito.
Tal vez en dos semanas tenga que coserme, amurarme a la pared, mutilarme alguna extremidad o la mitad de la cara, para tener aunque sea, unos minutos de sol.

UN VIRUS VIEJO


Me cagaron. El jueves a las siete de la tarde nos mandaron un mensaje de whatsapp para avisarnos que habían enviado un mail. El mail tenía un pdf que se titulaba “carta de contencion pandemia”, sí, en minúsculas y sin tilde, porque así de desprolijos son. Una carta que de contención no tenía nada.  Comenzaba con una mal redactada introducción pretendiendo ser empáticos y hablando de la importancia de la salud física y mental. Como carajo querés que tenga salud física si no voy a poder comer o comprarme remedios, como mierda querés que tenga salud mental si de por sí me estás violentando con tus palabras y no voy a poder pagar la terapia. El jueves a las siete de la tarde leí tu carta de mal gusto que después de esa introducción pedorra decía que lo que me debían del mes de marzo “lamentablemente no podremos pagarlo”, que el mes de abril solo nos iban a pagar el 60% del sueldo y el mes de mayo un 50%.
El jueves a las cuatro de la tarde, me exigías que cumpla los objetivos laborales más rápido porque no sabías “de qué se iban a disfrazar” si el cliente no pagaba. Te contesté que no estaba bueno que me transmitieras esto. Me dijiste que había que salir de la burbuja.
Te quise contestar: que no vivía en una burbuja, que ya me debían cuarenta mil pesos y que no era mi responsabilidad que los clientes pagaran o no, que yo no soy socia de ustedes, y que tu obligación como empleador es pagarme el sueldo. Que si vos no supiste negociar con el cliente, o tenés clientes de mierda, no es mi responsabilidad. Que me sobreexigieron durante toda la cuarentena y estuve trabajando entre diez y doce horas por día y que no es justo que me transmitan esta incertidumbre.
Te contesté que ya tenía demasiado presente la situación porque no era la primera vez que me lo decías y volví a hablar del trabajo.
El jueves a las siete de la tarde leí tu carta del orto que después de decir sin tapujos que no me ibas a pagar mi sueldo, finalizaba con una especie de poema pelotudo de cuarto grado y la promesa de que nos iban a llamar para aclarar dudas.
El viernes a las ocho de la mañana me hablaban por los grupos de whatsapp con consultas o reclamos sobre trabajo, pero no me hablaban acerca de la carta del jueves.
El viernes a las diez de la mañana me habló por whatsapp privado mi jefe, tu socio, con el cual no hablo casi nunca y menos aún desde el episodio de acoso sexual del año pasado, el cual te conté y me dejó traumada. Me preguntó si me podía llamar. Empecé a hiperventilar, ¿por qué me tenía que llamar él y no vos, que ayer tanto me exigías? Le contesté que sí. Me contestó diez minutos después diciendo que en diez minutos me llamaba. Pasó una  hora.
El viernes pasadas las once de la mañana hablé por teléfono con mi jefe, tu socio. Me repitió lo que decía la carta. Me preguntó si tenía alguna consulta al respecto. Le pregunté si tenían aunque sea la intención de posteriormente ponerse al día con los pagos. Me dijo que no, que esto era todo lo que podían hacer. Le pregunté si sabía que esto que estaban haciendo no era legal. Y me dijo que no sabía si era legal, que no le importaba. Le dije que no estaba en posición de decir nada más que prestar mi disconformidad.
El viernes a las cuatro de la tarde me llamaste para saber cómo estaba. En veinticuatro horas me cagaron los sueños y la expectativa a corto plazo. Te repetí que esto no era legal y me aseguraste que se asesoraron con un abogado y que no les advirtió nada al respecto.
El viernes a las seis de la tarde me dijiste que me tranquilizara.
Hoy es domingo y sigo pensando qué voy a hacer para poder sobrevivir en los próximos meses. Me manipularon de tal forma que me hicieron sentir que era mi responsabilidad que los clientes paguen y luego cuando decidieron no pagarme mi sueldo pusieron en mí la decisión de si aceptar o no. Me dejan sin decisiones, son el virus, no este virus nuevo, son el virus que ya existía, son la regla y no la excepción. Quisieron disfrazar sus decisiones de humanidad y buenas intenciones, pero solo se engañan a ustedes. Eso es lo que más odio y bronca me da: que se comieron su propia versión. Se creen que nos hacen un favor, dándonos trabajo y pagándonos un sueldo. Cuando en realidad, el favor es nuestro, ustedes ganan y comen gracias a nosotros. No saben hacer nada. Nada más que cagar palabras de autosatisfacción. Ojala este virus nuevo cambie algo. Hoy no creo que sea posible. Creo que el virus nuevo se va a ir. Y los virus viejos, los de siempre, van a seguir enfermándonos.

CUANDO ESTO TERMINE


Cuando esto termine, voy a ir corriendo hasta tu casa y trepar todos los balcones hasta el séptimo piso para abrazarte hasta que se me caigan lo brazos. Cuando esto termine voy a salir a correr con Canela por todo el bulevar de Donado como Phebe de Friends hasta que ninguna de las dos pueda respirar y después me voy a revolcar en el pasto como un perro recién bañado y me voy a dormir boca arriba con Canela en mi costilla. Espero que también vengas y te acuestes conmigo y nos volvamos a revolcar fundiéndonos con el pasto en besos eternos, que no dejemos de besarnos nunca, que tengamos sexo en el pasto. Que volvamos a dormir mirando el sol.
Cuando todo termine voy a buscar a cada una de mis amigas y decirles en la cara lo hermosas que son, lo importantes que son para mí y lo agradecida que estoy de haberlas conocido. Cuando termine este encierro desconcertante y esta incertidumbre enemiga, voy a decir todos los días lo que piense, voy a sonreír cada vez que pueda y voy a cultivar las reuniones sociales. Cuando esto termine quiero dejar de preocuparme por las cosas bellas, porque son cosas. Cuando termine quiero sentarme todos los días a leer y ser feliz, y agarrarte de la mano.
Cuando termine quiero ir corriendo hasta tu casa y trepar todos los balcones y encontrarte en el séptimo piso para decirte que te amo mientras se me caen los brazos de tanto abrazarte.

SOBRE LOS CUMPLEAÑOS

El viernes 6 de marzo fue mi cumpleaños y es tal vez la primera vez que no sentí tristeza en ningún momento del día. Por diversos motivos desde mi niñez, mis cumpleaños fueron eventos que terminaban en fiasco y llanto. Pasé mi cumpleaños de 15 llorando y odiando el mundo y queriendo cambiarme de colegio. Pasé muchos otros cumpleaños sin festejar, porque no tenía amigos, porque mi familia no tenía dinero, porque me daba miedo decepcionarme de mi cumpleaños como en tantos otros. A los dieciséis decidí no festejar mis cumpleaños. Aunque secretamente deseaba que me hicieran una fiesta sorpresa. A los diecisiete fui a bailar con mis amigas y me pinté las uñas de los pies. Sentí que fue hermoso, me lo tomé casual. "Bueno si quieren hacer algo salimos, como quieran". Mentira, yo quería tener un gran cumpleaños. Pero sentía que para eso 1- había que tener dinero y 2-había que tener muchos amigos. Muchos más de 30. Mínimo todo el curso del colegio. Tenía la ima...



Comencé a escribir esta entrada antes de que el mundo colapsara, de que el virus fuera una pandemia o siquiera algo importante, y de que se declarara en Argentina y en el mundo cuarentena obligatoria.
Hace más de un mes que tengo esto en borrador, no lo puedo terminar. La intención era agradecer a las personas y a mi aprendizaje y no sé a que mierda de cosmos que compaginó mi crecimiento.
Hoy no puedo terminar esto, no siento mucha esperanza. Tengo miedo, de enfermarme, de volverme loca, de lastimarme, de morir y de quedarme en la calle. De volverme un ser horrible y egoísta que se cague en la gente sin conciencia de la suerte que tiene. Hoy no puedo escribir más, espero un día poder editar esto, terminar una reflexión que en su momento parecía importante y ahora siento como lo más estúpido que pudiera alguien pensar. Pero tengo que seguir y no puedo seguir escribiendo si no doy por terminado este borrador.

DICIEMBRE

 Pasaron dos, tres meses. Elegí cerrar una etapa para dedicarme de lleno a algo así como ser artista independiente. Tengo un plan que es bas...