De los kilos que recordaba
que tenías en ese antes pasado
ninguno o pocos quedaban.
Flaco de angustia
de maldad o venganza.
Quizás la lombriz serpentaria
que solía azucararse
se te vendió en algún manjar
y te carcomió por dentro.
Quizás me extrañaste tanto,
que la lombriz se puso a hablar.
lunes, 22 de junio de 2020
miércoles, 17 de junio de 2020
viernes, 5 de junio de 2020
QUIEN QUIERA OIR QUE OIGA
Quiero
participar en todas las cosas que admiro. En las artes más extremas, en los
poderes más específicos y las decisiones que cambien la vida del mundo. Una vez
publicaron un cuento mío en un libro, tenía diez años, me entregaron un premio,
hubo una ceremonia. Pero mis padres, aunque orgullosos, no hicieron grandes
festejos acerca de lo que hoy considero un enorme logro para una niña de diez
años. Mi padre quería que fuera buena en matemática y en historia, pero no en
la historia del colegio, de estrada, quería que supiera su historia, que tampoco
era la historia progresista o revolucionaria que hoy busco. Su historia era rara,
distorsionada, racista, misógina, católica, herida. Tampoco quería que fuera
una persona creativa, en el sentido disruptivo de la palabra, no fui alentada a
escribir más que las palabras de la familia.
En mi adolescencia
empecé a escuchar otras historias, despacio, como susurros, chocando con la
historia paterna arraigada, hasta que me fui a buscar una historia mía en
alguna parte nueva del mundo, con caras nuevas, con ganas de pertenecer a
sociedades distintas. En los siguientes años estuve perdida, como flotando
entre tantas historias, satisfaciendo, inventando colores, buscando respuestas,
encontrando más preguntas, todas dolorosas, abiertas, decididas, sangrantes. Encontré
música y admiración por un mundo que no conocía, como una distopía de mi padre,
como una revolución eterna, despertares, fuegos injustos, mares negros
derramados, pieles perseguidas.
Encontré
amor y entendimiento, odio, desilusión. Encontré una historia diversa,
inclusiva, emergente, cosas que admiro, artes extremas, poderes específicos,
decisiones en las que quiero participar para seguir escribiendo una historia
justa que cambie la vida del mundo.
jueves, 4 de junio de 2020
DINERO
No sé sobre
que escribir. Quiero escribir sobre todo lo malo, pero estoy convencida que no
va cambiar nada hoy.
Diagnóstico.
Abulia. “Falta de voluntad o de energía para
hacer algo o para moverse.”
martes, 2 de junio de 2020
CODITOS
Se
agarrotan las piernas cruzadas estallando en insensibles carnes que debo sacudir
para que sirvan. Una hora más tarde, cada día, una hora más de sueño, de
imágenes en blanco y negro en forma de persecuciones recurrentes. Una hora más
de esperar que el mundo se solucione, como si la magia existiera, como si no
fuera permanente la ruptura del piso, la laja partida que somos al final.
Pasan las
semanas, y la escritura es cíclica, como mis altibajos, como el miedo a que mis
calambres se apoderen de las fibras que me quedan, pasan las semanas, hice
veinte poemas que no puedo publicar, porque ahora quiero participar en
concursos, como ayer quería dar clases y hoy quiero volver a ser arquitecta.
Abrí el
último paquete de fideos, el más barato y tengo miedo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
DICIEMBRE
Pasaron dos, tres meses. Elegí cerrar una etapa para dedicarme de lleno a algo así como ser artista independiente. Tengo un plan que es bas...
-
Es posible que esto no me deje ver que también sufrís. Sí, pero hoy, en este momento de la historia, necesito que escuches. Porque la ...
-
Me cagaron. El jueves a las siete de la tarde nos mandaron un mensaje de whatsapp para avisarnos que habían enviado un mail. El mail tenía...