martes, 19 de mayo de 2020

TITA


No tenían aspiradora. La alfombra del cuarto compartido, tenía que ser barrida. Su abuela paterna llegaría de visita, no la veían hace cinco años y su padre no la veía hace al menos diez.
Jugaba esos juegos tontos que suelen terminar en tragedia. La perforadora se cayó y con ella unos cien o doscientos pequeños círculos de papel. Barrer la alfombra era urgente, la abuela estaba por llegar. Era difícil, el padre le gritó. Debía levantarlos uno por uno de ser necesario. No era rápida. Sintió como tiraban los pelos de su nuca y como le ardían las rodillas contra la alfombra, hasta que levantó cada papel. El padre no se quejó por las manchas de sangre. Lloró hasta que llegó su abuela. Tiempo después le echaron la culpa sobre su muerte.

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