Este lunes, como todos los
lunes, sentí la nostalgia de un domingo que nunca tuve. Ese domingo idílico que
proponen las películas familiares, con mucha comida y tablones sobre el pasto y
manteles cuadrillé. Cuando en el escritorio donde divago sobre las desventuras
del mundo, se asomó el sol escondido, también renegando su lunes, recordé que
he tenido esos domingos, deformados porque lo ideal no existe, porque lo ideal
es comercio. Y recordé que mi domingo de ayer fue hermoso en su medida, fue
acogedor, rico y soleado, acompañado en las distancias pandémicas, no tan bueno
como algunos pero superador de otros. Y mi lunes de hoy fue recordatorio de la
posibilidad que trae un nuevo tiempo, distinto, lunático. Los lunes, los odio,
pero hoy trataré al menos de amar lo bueno de mis domingos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario