martes, 19 de mayo de 2020

EL MIEDO A LA OSCURIDAD


Las paredes raídas de recuerdos vacíos, la mano de pintura blanca diluida sobre el color de un inquilino anterior. El colchón nuevo sobre un piso viejo. Un lugar que armó para desarmar y armar otra vez. Y sobre ese colchón, en un rincón del cuarto, respiró profundo sintiendo esperanza por primera vez en mucho tiempo.
Por una hora miró el celular, esperando noticias de un sueño. Se levantó de la cama. La perra se despertó y la siguió a la cocina. Los cigarrillos no estaban, volvió al cuarto, lo suficientemente despojado como para perder algo. Fue al comedor y encontró el paquete vacío.
Eran las dos, tenía que caminar cuatro cuadras parar ir a la estación de servicio en plena noche de invierno. Se vistió, se sentó en el colchón otra media hora, desde chica le daba miedo la oscuridad. Desde aquel episodio del taxi,  le tenía miedo a la calle.
Pero no podía dormir, y el vicio la mantenía ocupada, la ayudaba a medir su tiempo…
Abrió la primera puerta, corrió asustada por el pasillo, se equivocó de llave, se le cayeron, logró abrir la segunda puerta, cerró, prendió la luz de la escalera, subió corriendo, saludó a la perra, se sentó en la cama, prendió un cigarrillo y lloró.

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